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Archivo para Febrero 2009
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Con algo más de 265.000 habitantes, la capital de la Región del Véneto y de la histórica Republica Veneciana es una de las ciudades más visitadas del mundo. Dos aeropuertos internacionales (Marco Polo di Tessera, en la provincia de Venecia y Sant'Angelo di Treviso, en la provincia de Treviso), dos estaciones ferroviarias catalogadas como "Grandi Stazioni" por las Ferrovie dello Stato (Santa Lucia en la orilla del Canal Grande y Mestre en la tierra firme) son la puerta de entrada de casi 22 millones de turistas al año, lo que la situa a la cabeza de todas las clasificaciones mundiales.
El mundo siente fascinación por Venecia, y es lógico. Libros, películas, canciones y todo tipo de obras de arte recrean la ciudad de los canales, porque Venecia es algo así como "otro mundo". Es la reacción de la mayoria al cruzar el Ponte della Libertà que conecta el Piazzale Roma -último reducto del tráfico en la capital véneta- con la tierra firme o al acercarse a la ciudad de los Dux en traghetto, motoscafo o vaporetto (los tres tipos de barcos colectivos del transporte público). Y es que Venecia es la única ciudad en el mundo dónde no hay semaforos, no hay pasos de peatones, no hay aceras ni señales y en cambio tiene uno de los tráficos más intensos -obviamente, en las vias naúticas-. ¿Dónde sino en Venecia tu taxi se puede cruzar con uno de los mayores cruceros del mundo o la policia de tráfico dirige la circulación de góndolas, motoras y ferries?
Un 'vaporetto' de la ACTV en el Canal Grande
Aunque pueda la movilidad en Venecia parecer incómoda o incluso caótica, su sistema de transporte público es uno de los más eficientes que conozco, dejando simplemente en ridículo el servicio de redes de metro y autobús como las de Madrid, Barcelona, Londres o Roma. Múltiples líneas de transporte público de navegación de dos compañías diferentes (la pública 'Autorità Comunale per il Trasporte di Venezia ACTV' y la privada 'Alilaguna') vertebran la ciudad y el área metropolitana con líneas 'giracittà' (es decir, circulares) y otras que unen diferentes puntos del centro urbano así como las estaciones principales con islas núcleos urbanos insulares vecinos (como Burano, Murano, Torcello y el archiconocido Lido di Venezia -literalmente, Playa de Venecia) y con la tierra firme. Los servicios son cómodos e impresionantemente rápidos para tratarse de líneas naúticas, y sobretodo, además de mantener unas frecuencias de paso envidiables son absolutamente puntuales.

Claro, que no todo pueden ser ventajas, y la desventaja está en el precio. Venecia, aunque pueda parecer lo contrario, es una ciudad todavía pensada en el residente y no en el turista. Aún así, los precios son absolutamente abusivos para las líneas regulares de navegación, salvo que se obtenga algún tipo de bono. En contrapartida, los 'veneziani' pagan unos precios considerablemente bajos (equiparables a los del Metro de Madrid, por ejemplo) presentando la documentación que acredite que son vecinos del Comune di Venezia.
Un'traghetto' (ferrie, en italiano) que cubre el servicio de transporte de vehículos y pasajeros entre Venecia y Lido en una de las estaciones marítimas de ACTV en la periferia
Por supuesto no son solo los transporter colectivos los que sirven a la Serenissima. También una red amplísima (y envidiable) de taxis acuáticos vertebra la ciudad. Un servicio excelentemente rápido, elegante y bello (o 'carino' como dirian los venecianos), aunque tremendamente caro que hace que no sea precisamente mayoritario entre los turistas, que optan por subir sin pagar en el transporte urbano.
La Estación marítima de Riva di Biasio en el Canal del Cannarregio
Y es que éste es uno de los puntos más desagradables de la movilidad urbana veneciana, y son los indeseables que viajan sin pagar. Parece que muchos turistas asocien Italia con viajar sin pagar, y no dudan en intentarlo aunque en sus lugares de origen paguen religiosamente los billetes. No obstante esto, los controladores son frecuentes y dificultan la maniobra, así como los 'marinai' (en italiano, marineros) que amarran los barcos a las estaciones y hacen una revisión visual de los billetes.
La complejidad, y a la vez simplicidad, de la red de transporte véneta, que pasa desapercibida para la mayoria a mi me resulta fascinante, y por ello he quero hacer este pequeño comentario con el que empiezo una serie que espero continuar, comentando las peculiaridades de otros sistemas de transporte.
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‘Ciudadano Romano’. Estás eran las dos palabras con las que una persona era respetada en todo el mundo conocido. Hoy, lo más parecido a aquellas dos palabras debían ser las doce estrellas en el pasaporte, es decir, ser ‘ciudadano europeo’, dos palabras que deberían suponer en todo el mundo inviolabilidad. Pero no es así.
Hace unos meses, Cuba, detenía a españoles por defender la democracia, y nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores no hacía nada por evitarlo. Hoy se hace público como los servicios aduaneros de Brasil vejan a ciudadanos españoles debidamente acreditados y con toda la documentación en regla, y les expulsan del país, por una supuesta ‘reciprocidad’, nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores sigue sin hacer mucho al respecto, pero tampoco parece preocupar en exceso al Alto Representante de la Unión Europea para Política Exterior y de Seguridad Común.
En un mundo globalizado, donde moverse a lo largo y ancho de nuestro planeta es el pan nuestro de cada día, más aún de nuestros empresarios, es la obligación de las instituciones del Estado el velar por la integridad de los españoles, y de los europeos en general, cuando viajan fuera de los 27. No estoy defendiendo que los europeos puedan circular libremente por todo el mundo pero que no lo puedan hacer el resto de los ciudadanos, ni estoy diciendo que los europeos puedan o deban incumplir las layes extranjeras, lo que estoy diciendo es que el hecho de portar un pasaporte de la Unión, y además, cumplir los requisitos y normas del Estado al que se viaja, deben suponer un trato de absoluto respeto y total inviolabilidad de los derechos de los ciudadanos europeos por parte de las autoridades del estado en cuestión.
Es obligación de Bruselas, pero también de Madrid, asegurar que las palabras ‘Unión Europea’ en la portada del pasaporte, serán, cuanto menos, una garantía de seguridad y respeto, como en su dia lo fueron las palabras ‘Civis Romanus’.
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