Le pese a quién le pese, las elecciones democráticas legitiman la acción de aquellos a quién se confia el gobierno y de aquellos a quién se les encarga la oposición. No es más legítica una oposición minoritaria que un gobierno de mayoría, o incluso al revés. La autoridad y la capacidad para gobernar, y por tanto, para presentar propuestas son para quién el pueblo elige. Los proyectos son de quienes gobiernan, aunque nunca esté de más el apoyo de la oposición, apoyo que no se espera cuando se “hace política” pero con el que siempre se espera contar cuando se tratan proyectos técnicos de profesionales capaces mediante los cuales se intenta construir el futuro de una ciudad. En nuestro caso, de Alboraya.
Al PSOE de Miguel Chavarría se le llena la boca criticando la mayoría absoluta del gobierno municipal del PP, mayoría que es absolutamente legítima, pues no es más que la representación del sentir mayoritario de los alborayenses, expresado en las urnas (supongo que a ellos les agrada más la mayoria absoluta de Andalucía o de Castilla-La Mancha, que bien les viene para jugar con el sistema financiero). Pero lo que resulta más incoherente y chocante de los socialista de Alboraya es su actitud ante el Pleno del Ayuntamiento, como máximo órgano de representación municipal.
No se puede exigir que se cuente con la oposición cuando se hace, válgame la redundancia, oposición de último minuto (last minut opposition, en términos anglosajones), con ideas surgidas en el choque dialéctico con la portavocía popular, sin haber madurado ni estudiado sus propuestas. Lo que se les ocurre mientras poco menos que gritan a algún Concejal popular, como en el último pleno con los Sres. Rubio y Cabo, fundamentalmente, no vale para forjar el futuro de Alboraya.
Pero dejando de lado el ”contenido” de sus propuestas, me parece interesante comentar también el ”continente”, es decir, su portavoz José Moratal, candidato a Alcalde en 2007.
Quiero creer que tanto Moratal como su “jefe”, el Sr. Chavarria, respetan al pueblo de Alboraya y sus instituciones, pero me cuesta. Poco respeto demuestran con sus intervenciones públicas vulgares, soeces, ordinarias, arrabaleras, incoherentes e ininteligibles. No seré yo quién critique la falta de normatividad (y consecuentemente, la dificultad de comprensión) del valenciano del Sr. Moratal, aunque quizás sí le recomendaría que se expresase en castellano, dada su evidente dificultad para hacerlo en la lengua de Joanot Martorell. Lo que sí criticaré, y muy contundentemente, es la actitud del portavoz socialista en el Pleno.
Permitanme que me tome la licencia de decirles, aún conociendo la frase original, que la mujer del César no solo debe ser respetuosa, sino además parecerlo. Tal vez Moratal podría hacer un esfuerzo por las apariencias. No se pueden utilizar términos insultantes con ciudadanos de otras comunidades autónomas, ni con personas, que por su edad y experiencia justifican ser absolutamente respetuoso con ellos.
Sr. Moratal, no se puede insultar a los ancianos, ni a los vascos o los madrileños, ni tampoco, como sí han hecho sus compañeros de partido, a los “tontos del culo que votan a la derecha” (sic). No es tampoco tolerable, Sr. Moratal, su falta de consideración hacia sus compañeros de Corporación, que han sido elegidos tan democráticamente como usted, e incluso con muchos más votos.
Me sorprende a mi, y creo que también a la “colega Victoria”, como Moratal llama a Virginia Garrigues, Concejal del PP, ese tipo de actitudes por su parte y por la de su partido. Espero, como ciudadano de Alboraya, una moderación en el tono y una seria reflexión a cerca de como realiza las intervenciones en el Pleno del Ayuntamiento el Portavoz socialista, porque aunque a usted le parezcan “de puta mare” (de nuevo, cito literalmente al Sr. Moratal, aunque hasta a mi en este blog me cuesta escribir tal comentario), demuestran dejadez y falta de respeto y de consideración hacia quienes escuchan, tanto la Corporación como el público, y también hacia el pueblo de Alboraya.










