Hace unas semanas nos enterábamos por la prensa nacional (porque la internacional no dijo nada al respecto) de que el Presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana, Silvio Berlusconi, habia invitado a España a participar en la cumbre del G-8 que este año se celebrará en el Abruzzo, en su condición de anfitrión. En ese momento, Zapatero, que no está precisamente acostumbrado a ser tenido en cuenta para las citas internacionales (a pesar de ser el Jefe de Gobierno de la 8ª potencia económica mundial, tener el 15º mayor presupuesto militar y ser heredera de un vasto imperio que hace que la influencia madrileña sea clave en los asuntos de América Latina), se emocionó y anunció que aceptaría la invitación del Presidente Berluconi (que todo sea dicho, ya es raro que le siga mirando a la cara después de todo lo que el PSOE ha dicho del líder del Popolo della Libertà).
La de España no era la única invitación que el romano Palazzo Chigi mandaría. Además de los miembros del G-8 (Estados Unidos, Canadá, Francia, Reino Unido, Alemania, Japón, Rusia, Italia; que no son ni los 8 más industrializados, ni los 8 más ricos, pues en ambos grupos estaria España), la Unión Europea (representada por la Comisión y la presidencia de turno sueca) y la española, Berlusconi ha invitado a los Países Bajos, Egipto, Sudáfrica, Brasil, México, Indonesia, China, la India, Australia, Corea del Sur, Turquía y la Unión Africana, previsiblemente representada por su “Rey de Reyes”, Muammar al-Gaddafi, líder de la Jamahiriya Libia.
Ahora que ya se sabe que la invitación no fue una deferencia de Roma con la verdadera 8ª potencia mundial, a larga distancia de Canadá, miembro del G-8, nos enteremos también de que Zapatero irá a la cumbre “a figurar”. Junto a todos los demás líderes asisitirá a una recepción de Estado en el Palazzo del Quirinale, con el Presidente de la República Italiana, Giorgio Napoletano, y tras dos días en los que no podrá estar presente en las reuniones, por no haber sido invitado ni a la cumbre “de los grandes”, ni al G8+G5 (los “grandes” más los emergentes) y ni siquiera a una cumbre sobre el cambio climático a la que asistirán todos los invitados menos España, Egipto, Turquía y los Países Bajos. Estas últimas cuatro delegaciones, entre ellas la presidida por Zapatero, solo podrán participar en una reunión marginal sobre seguridad alimentaria.
Este es solo un ejemplo más de la “vuelta a la tortilla” que el gobierno socialista ha dado a la relaciones internacionales de España. Por mucho que Zapatero intenten “vendernos la moto”, diciendo que será la primera vez que España participe en el G-8 no se dejen engañar, porque ambas cosas son mentira. No sería la primera vez -pues el Presidente Aznar sí que participó en una “verdadera” reunión del G-8 en Canadá-, ni tampoco se participará en el G-8, sino que se hará es una marginal e irrelevante reunión sobre seguridad alimentaria, poniendo la participación española al nivel de la de Egipto o Turquía y por debajo de las de Corea del Sur, Indonesia o Méjico. Aún así, parafraseando al lema de campaña del Popolo della Libertà, ”meno male che Silvio c’è’, porque si fuese solo por Zapatero, no habría ni esa reunión de seguridad alimentaria.
