Archivo para abril 2010

A raiz de las críticas del “Observatorio de Laicidad” me he planteado que ciertamente, durante estas fiestas de Semana Santa, los símbolos del Estado -como la bandera y el himno-, acompañan en muchas ocasiones las manifestaciones religiosas del catolicismo. El Obersvatorio de Laicidad, que se publicita mediante la web ‘laicismo.org’, es una organización que tiene entre sus actividades y campañas recientes la denuncia de la presencia de símbolos religios en los recintos electorales, la eliminación de la “equis” para la Iglesia católica en la declaración del IRPF o la negación de los privilegios como miembro observador de la ONU a la Santa Sede.

Esta organización denuncia ahora que suene la Marcha Real en las procesiones de Semana Santa, o que miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas, así como otros funcionarios públicos participen activamente en éstas. El argumento: el Estado, en un sistema laico, representa políticamente a todos los ciudadanos, no solo a los cristianos católicos; y la presencia de estos ‘símbolos’ en actos religiosos “atenta” -dicen-, contra la aconfesionalidad del Estado.

El comunicado que mandan desde esta plataforma me ha inspirado para este artículo. Haciendo una breve reflexión, creo llegar a la conclusión de que el ‘Observatorio de Laicidad’ confunde la aconfesionalidad del Estado, la laicidad que nuestro ordenamiento jurídico garantiza, con el ateísmo militante. El Estado Laico -y lo dice un ferviente defensor de la laicidad del Estado- no puede, ni debe ser un Estado contra las religiones, sino un Estado para todas las religiones, y para todas las creencias y realidades personales. Corresponde a un Estado aconfesional garantizar el ejercicio del derecho a la libertad del pensamiento, y a la libertad de optar por unas u otras creencias religiosas -o, claro está, por ninguna-, y garantizar la igualdad entre los que profesen cualquier creencia.

Pero precisamente porque el Estado ‘laico’ es el Estado de todas las religiones, el Estado de los creyentes y de los ateos, y de los que no son ni creyentes ni ateos, es también el Estado de los católicos. Todos los españoles, profesen la religión que profesen, piensen como piensen y actuen como actuen, deben tener el derecho a emplear los símbolos de la nación, que es la comunión de todos los españoles independientemente de sus convicciones personales, y manifestarse como españoles, en todas y cada una de las parcelas de su vida.

Tienen derecho los españoles católicos a hacer sonar la Marcha Real al paso de sus vírgenes y cristos, como lo tienen, lo ejerzan o no lo ejerzan, por ejemplo, los españoles musulmanes a ondear la Bandera nacional de sus mezquitas. La utilización de los símbolos, que incorrectamente se hacen llamar ‘del Estado’, cuando ciertamente son ‘de la Nación’, y por tanto de todos los españoles, por parte de un colectivo en sus actos, ni deslaiciza al Estado, ni ofende a quienes no comparten sus creencias.

Un Estado laico bien entendido es aquel en el que todos y cada uno de sus ciudadanos, creyentes o ateos, cristianos, judios, musulmanes, o de cualquier religión, tienen los mismos derechos y obligaciones, un igual trato por parte de la Administración, y tienen derecho también a manifestar sus creencias, y a manifestarse dualmente españoles y ateos, o españoles y cristianos, judios, musulmanes, etc. No entiendo un Estado laico en el que molesten crucifijos, medias lunas o candelabros, igual que tampoco entiendo un Estado laico en el que se impongan estos símbolos, porque la laicidad es propia de un Estado que deja a sus ciudadanos actuar de acuerdo con su fe y con sus creencias, de un Estado que entiende lo intrínseco de las creencias, y por tanto no las regula ni para obviarlas ni para fomentarlas, sino en todo caso para prestar su apoyo a cualquier ciudadano en el ejercicio de sus libertades.

Mi conclusión es clara, bienintencionadamente, el “Obervatorio de Laicismo” confunde un Estado laico, con un Estado que profesa el ateismo militante, y esto, amigo lector, es un problema hasta para el más militante ateo. Cualquier defensor de sus creencias, sin particularizar en ninguna creencia, tiene que defender también la libertad para profesarlas; libertad que solo garantiza un Estado absolutamente laico, y por lo tanto, un Estado que no regula las manifestaciones religiosas respetuosas con los principios básicos de los Derechos Humanos, de la Constitución y de nuestro ordenamiento jurídico.

Quiénes exigen, poco menos que un Estado ateo, corren el riesgo de que la imposición -como ocurre siempre con todas las imposiciones-, se les vuelva en su contra. También quienes exigen un Estado confesional. Un ateo inteligente debería coincidir con un sacerdote, un rabino o un imán inteligente: la única manera de garantizar la libertad que poseen para creer o para no creer, es que el Estado ni crea, ni deje de creer; ni sea ateo ni religioso; sino simplemente laico.

Que no sea un energúmeno ‘gritón’, no quiere decir que no tenga nada que criticar, sino más bien que prefiero centrar mis esfuerzos, y mi tiempo, en actividades más positivas que la demagogia barata. Soy una excepción: lo se, y lo sufro. La mayoría prefiere, porque es más cómodo, la táctica de la pancarta.

Esta semana, toda la prensa se ha hecho eco de las acciones que desde AVEU hemos llevado a cabo en defenda del PEPRI del Cabanyal-Canyamelar. Bueno, no toda. Los que hace unas semanas más que me criticaban, me insultaban, por no estar del lado de los violentos, y apoyar las maneras antidemocráticas de ‘Salvem el Cabanyal’, ahora, como era de esperar, hacen oidos sordos a las barbaridades que verborrean los liderzuelos de esta plataforma, y la toman, sin prueba alguna, y por mero aburrimiento, con personas honradas, a las que arruinan su imagen; ya se sabe, calumnia que algo queda.

Ayer en la Universidad de Valencia, la voz de Salvem el Cabanyal acusó al Consell, y en particular a un conseller, de utilizar a los gitanos, a los que acusó de vender droga, para degradar El Cabanyal. No les basta con insultar a la alcaldesa de Valencia, con actuar como kale borroka, cuando no como auténticos terroristas de andar por casa; ahora se excusan de todos los problemas que en buena parte ellos han generado en los últimos años con un argumento repugnantemente xenófobo.

Desafortunadamente, parece que todos hayan salido de la misma escuela, o que almenos como dice el refrán, ‘Dios los cria, y ellos se juntan’. En Alboraya, lo que queda del archidividido PSOE, los ‘interesados’ de CIALBO y la ‘concejal abstracta’ del BLOC, siguen en su labor de oposición irresponsable y visceral. Mientras el equipo de gobierno del Partido Popular hace propuestas, e intenta concluir su programa electoral en una situación económica más que dificil para todos los Ayuntamientos, los grupos de la oposición, encabezados por el alcaldable socialista, Miguel Chavarría, se aprovechan políticamente de los diferentes colectivos de nuestra ciudad, a los que engañan bajo su máxima maquiavélica de que ‘el fin justifica los medios’. O en su caso: los fines.

Porque aunque se alineen para desbancar del gobierno municipal al Partido Popular, no comparten el mismo fin. Los socialistas, encabezados por Chavarría, ansían el poder por encima de todo -hasta tal punto que eso le haya costado perder 4 de los 7 concejales de su grupo, que pasaron a ser No Adscritos-; los miembros de Ciudadanos por Alboraya, en cambio, tienen unos fines bien distintos, que bien les han hecho ganarse el apelativo de Ciudadanos “por la pasta”; y la “pobre angelita” del BLOC no sabe como atarse más a su asiento en el plenario, mediante su alineamiento con cualquiera que quiera un altavoz para vociferar mentiras contra el gobierno municipal, no sea que por un puñado de votos pierda esas indemnizaciones que tan bien le vienen a final de mes a la concejal que, proporcionalmente, más cobra del Ayuntamiento de Alboraya.

Ahora en estas fiestas es un buen momento para, parados a descansar, plantearse cómo se quiere ser, y como se quiere trabajar. Si me permiten un consejo, los “palos” de propios, extraños, periodistas y cualquiera que pasara por allí merecen la pena cuando se hace lo que se debe.

Víctor Soriano i Piqueras (Valencia (España), 1990). Estudiante de Ingeniería de Caminos, C. y P. en la Universidad Politécnica de Valencia y de Ciencias Políticas y de la Admón. Pública en la Universidad de Valencia. Coordinador del Programa de Gobierno del Partido Popular de Alboraya, miembro de Nuevas Generaciones de Alboraya y Vicepresidente de la Asociación Valenciana de Estudiantes Universitarios (AVEU).