El Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ha intentado desde que era líder de la oposición hacerse pasar por algo similar a un “progresista”. Las campañas de los socialistas se centran en intentar hacer ver que defienden los derechos de los trabajadores y de paso, enfatizar lo malvada que es la derecha. Y, verdaderamente, les ha servido durante mucho tiempo para esconder su verdadera realidad.

El Gobierno de Zapatero ha reducido los impuestos a los más ricos a lo largo de esta legislatura, ahí está, por ejemplo, el llamativo caso de la baja del impuesto de matriculación de aviones privados (un vehículo que no está precisamente al alcance de cualquiera, y creo que nadie me lo discutirá), las reducciones de impuestos como el IRPF destinadas a los grandes accionistas o la sin duda cuantiosa “ayuda” de 150.000 millones de euros a los bancos.

Estas reducciones de impuestos, destinadas exclusivamente a banqueros o grandes constructores no son realmente negativas, todo lo contrario. Personalmente, me parece razonable que en tiempos de crisis el Estado reduzca los impuestos para incentivar el consumo (independietemente de que a personas como Emilio Botín o Isidoro Álvarez no haga falta incentirvarles el consumo, porque liquidez les sobra). A lo que sí hay que prestar mucha atención es que, precisamente cuando los más ricos ven reducidos sus impuestos, la clase media se ve agobiada por ellos. Por si los impuestos sobre los hidrocarburos (la gasolina, en palabras llanas) o sobre los derivados del tabaco no fuesen ya suficientes, nada más pasar las elecciones -como buen aprendiz de tirano, que no se atreve a someter sus propuestas a una consulta democrática a la ciudadanía-, la mejor idea con la que nos deleita el Gobierno socialista para permitirnos a todos ir más desahogados económicamente es subirlos.

Con el barril de petróleo a precios desorbitados (no nos engañemos, son menores que los del verano pasado, pero siguen siendo demasiado altos) y la gasolina rondando el precio casi histórico de 1 euro por litro, ahora los trabajadores que se desplacen en coche a su empleo, los autónomos del trasporte o los empresarios, deberán destinar aún más de su presupuesto mensual a la gasolina -por si fuera ya poco- para financiar el desgobierno y el gasto desmedido del gobierno Zapatero.

El Ministerio de Economía anunciaba futuras subidas de impuestos (quién sabe si el IVA, el IRPF, etc.) y la propia Vicepresidenta Salgado decía en una entrevista concedida a Televisión Española que el déficit podría llegar al 10% el año próximo si se aprueban nuevas medidas sociales. ¿Pero es que no se dan cuenta que no se puede seguir “sangrando” al colectivo que construye la base del progreso en España y en cualquier sociedad occidental, que es la clase media, para financiar sus “ideas de bombero”, sus compras de votos y sus becas al fracaso?

Los socialistas, mientras tanto, a la espera del acontecimiento “interplanetario” que será, como todos ustedes saben, la coincidencia de Barack Obama y José Luís Rodríguez Zapatero como líderes de las dos mayores potencias mundiales (uno, Presidente de los Estados Unidos y el otro, Presidente de turno del Consejo Europeo), no se dan cuenta de que el Presidente del Gobierno presidirá las reuniones en el Justus Lipsius de Bruselas teniendo la peor tasa de paro de la Unión y estando lejos de cumplir los criterios de convergencia. Así es España.

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