La mayoría de las veces, más que cuánto se dice o se hace, cuenta si se está o no se está; sobretodo si no se espera que se diga nada, ni que se haga nada, pues la propia presencia ya dice más que cualquier discurso. Todos hemos ido alguna vez a algún acontecimiento, acto o evento “porqué hay que estar“, sin plantearnos más condicionantes.
Válgame de ejemplo el Presidente Rodríguez Zapatero, que irá a una cumbre del G-8 en el Abruzzo, porqué hay que estar allí, aunque no vaya ni a hacer nada, ni a decir nada, y que conste que esto no es un alegato político, porque no será, ni el primero ni el último que haga de figurante, independientemente del nivel del acontecimiento -figurantes hay dessde las reuniones de jefes de Estado hasta los bautizos-.
Una imagen -o en este caso, una ausencia- vale más que mil palabras. Una ausencia dice mucho, y jugando con ellas se dice mucho; descontento, desafección, desacuerdo, indiferencia, falta de respeto o de interés… El caso es que el pasado viernes, el líder de la facción minoritaria -que pese a inferior en número es la “oficialista”- del Grupo Municipal Socialista y Secretario General del PSOE de Alboraya, Miguel Chavarría, no tuvo a bien hacer acto de presencia en el Pleno extraordinario convocado para la aprobación definitiva del presupuesto municipal.
Hace unos meses, los concejales socialistas cercanos al pancatalanista Lanuza, todos ellos supendidos de militancia, se ausentaban a todas las convocatorias de pleno, dejando patente su desacuerdo con Chavarría y Moratal. Después, aprovechando la ley -todo sea dicho, en este caso una ley bastante incoherente-, “cambiaron la tortilla” y retiraron al oficialista Moratal de la portavocía para darle el micrófono al pancatalanista Lanuza, y ahora, en el primer pleno en el que Lanuza es reconocido como portavoz -a pesar de que Moratal sigue autoconsiderándose en el cargo-, el que se ausenta es el líder de lo que queda del PSOE local.
Esta actitud puede querer decir mucho, o muy poco. ¿Desidia, desinterés, indiferencia, falta de respeto por los alborayenses que le han elegido? Seguro que no -dirán algunos-, lo que pasa es que Chavarría tendría algo que hacer. No lo negaré. Seguro que tenía otras ocupaciones, quizás de suma importancia, que le suscitaban mayor interés que asistir al órgano supremo de gobierno del Ayuntamiento de Alboraya, que él aspira a regir.
A mi me enseñaron que “la obligación es lo primero”, y Chavarría tiene una obligación para con los vecinos de Alboraya y para con la democracia. Presumiblemente, Miguel Chavarría no quería decir nada con esta ausencia, pero no se ha dado cuenta de lo mucho -y no precisamente bueno- que esta ausencia dice de él.
En esta entrada no hay comentarios.