A los que como yo, nacimos bien entrada la democracia (en mi caso, bien entrado ya Felipe González al gobierno), no recordamos por nosotros mismos una asignatura que se impartía en los colegios de la España preconstitucional, que era impartida por miembros de Falange y que solo hemos sabido por ella por nuestros abuelos y padres o por los medios de comunicación. Hablo de la ‘Formación del Espíritu Nacional’.
Ahora, aunque pueda parecer (y de hecho lo parece) un anacronismo, un vuelta atrás, un paso que nos acerca más a las “democracias” de Castro, Chávez o Kim Jong Il que a las verdaderos democracias, tenemos una segunda parte (y segundas partes nunca fueron buenas, en este caso, tampoco la primera) de las Formación del Espíritu Nacional del franquismo, pero en forma de asignatura moderna, con nombre vendible y presentada mediante fantástica mercadotécnia con el logo del Gobierno de España. Sí, estoy hablando de la ‘Educación para la Ciudadanía’. Parece que los tribunales van dando la razón a quién desde el principio defendiamos el derecho de los padres de educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones o incluso el derecho (mucho más imporatante), de los hijos de esos padres de tener las convicciones que que les venga en gana.
A mi me da igual que la asignatura enseñe principio comunistas, estalinistas, marxistas, socialdemócratas, liberales, democristianos o incluso fascistas, a lo que yo me opongo es a la existencia de la asignatura. El Estado no puede ni debe de patrocinar ninguna ideología, faltaría más, y menos aún en los colegios y en materia evaluable.
¿Estamos ante una ‘Formación del Espíritu Socialista’? Puede ser. Sin lugar a dudas lleva la firma de la izquierda más radical dentro del PSOE. El adoctrinamiento siempre ha sido patrimonio de los radicales (ya sean de Falange o del PSOE, eso da igual). Los que de verdad nos preocupamos por la democracia no podemos tolerar ese adoctrinamiento, aunque lo que se adoctrinen sean nuestras ideas.
Como ya he dicho, yo me opondría al adoctrinamiento en los colegios, independientemente de la ideología que fuese la que apareciese en los libros de texto, y creo que todos los demócratas se deben de oponer a ello.
Me planteo algunas dudas, como por ejemplo, ¿y si alguno de los alumnos se opusiese abiertamente a la materia de la asignatura esgrimiendo en un exámen su opinión y no la que marca el programa? ¿Sería suspendido? ¿Nos podemos permitir en España que alguien tenga represalias por mostrar su opinión, sea cual sea? ¿Queremos que en España haya que ocultar las opiniones de cada uno? No lo creo, por lo menos creo que no piensa así ningún verdadero demócrata.
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