Si hay algo que un eurofederalista como yo tiene en muy alta estima es el Acervo de Schengen. Es decir, los acuerdos en el seno de la Unión Europea que permiten ejercer visiblemente la libertad de movimientos entre los Estados miembros de la Unión Europea y otros Estados (Noruega, Islandia, Suiza y algunos de los microestados) al suprimir los controles de documentos en las fronteras terrestres. La única frontera terrestre -aunque no lo sea en el sentido estricto del término- en la Unión Europea dónde es necesario mostrar el DNI o pasaporte es la compartida entre el Reino Unido y Francia en el túnel bajo el Canal de la Mancha.
 
Esto puede parecer frívolo, poco útil, o simplemente un detalle a agradecer cuando se viaja, pero que no supone practicamente ninguna ventaja en nuestra vida cotidiana. Nada más lejos de la verdad. Aquí en Valencia, a casi 500 km de la frontera más cercana -la que separa nuestro Reino de la vecina República Francesa-, es dificl de comprender lo profundamente útil que ha sido el tratado de Schengen para aquellos que viven cerca de la frontera. Los habitante de los pueblos partidos -por la mitad, o simplemente de formas inimaginables como Baarle-, las ciudades fronterizas, etc. agradecerán eternamente no tener que vivircon el pasaporte entre los dientes, como ocurre en la frontera entre los Estados Unidos y la Mancomunidad de Canadá.
 
Algunos de los ejemplos más conocidos son las 'capitales gemelas' (Viena-Bratislava), algunos exclaves fronterizos como Busingen (Alemania), Campione d'Italia (Italia) o Llívia (España), o pueblos partidos como Rio de Honor (España y Portugal) o Irún-Hendaya (España y Francia), pero aquí quiero tratar algunos de los casos más extremos y curiosos de fronteras en Europa (y en posteriores entregas, en el resto del mundo).
 
Uno de los casos más llamativos es el de Baarle. El pueblo está dividido administrativamente en las localidad neerlandesa de Baarle-Nassau y la belga de Baarle-Hertog. La parte belga está formada por unos 20 exclaves del Reino de Bélgica en territorio neerlandés, y por si esto fuera poco complicado ya de por si, estos 20 exclaves belgas rodean a su vez a 7 exclaves del Reino de los Paises Bajos en Bélgica. ¡Lo que se llama una frontera clara!
 
 
Prácticamente todos los edificios del pueblo están partidos en dos, una parte belga y otra holandesa. Aunque la soberanía de cada país está delimitada con marcas fronterizas (incluso dentro de los edificios existen lineas que delimitan los dos estados), que uno viva en un país o en otro depende de dónde esté la puerta. Por ello, la mayoría de los edificios cuentan con dos puertas, una a cada lado de la frontera. De igual manera, los negocios que están partidos por la frontera marcan simbolicamente donde acaba y donde empieza uno u otro país. Hace unas décadas, algunos bares ponian las mesas en un país u otro según la hora del día, según las leyes con respecto a horarios comerciales fuesen más o menos restrictivas.
 
 
Las dificultades que historicamente más han sufrido los habitantes de este fantástico pueblo han sido sin duda las legales. Los delitos cometidos en el interior de los edificios (como algún asesinato reciente), son dificiles de resolver, pues en ocasiones la escena del crimen está partida por la frontera. Además, las especiales condiciones de la zona han llevado a muchos a la picaresca, como un delicuente que con el fin de blanquear dinero estableció en Baarle-Nassau (Paises Bajos) un banco, que realmente operaba en Anguila (Territorio Británico de Ultramar). Las autoridades económicas de La Haya solo podían llegar hasta el mostrador del banco, porque el interior del mismo se encontraba bajo jurisdicción belga, y las autoridades de Bruselas no podían llegar hasta el interior porque la puerta estaba en los Países Bajos. Al final, se pusieron de acuerdo para hacer una inspección conjunta, años después de que el banco estuviera en funcionamiento.
 
 
El territorio ha estado bajo control del Imperio Español, las Provincias Unidas, el Primer Imperio Francés y hasta del Tercer Raich Alemán, pero a pesar de los intentos de unificar administrativamente ambos municipios, hemos heredado esta atípica situación, suponiendo una de las fronteras amistosas más intrincadas del mundo (existe un caso similar entre La India y Bangladesh, del que hablaremos más adelante, y que como imaginarán es menos anecdótico y más preocupante). Pero a pesar de lo amistoso de la frontera, Baarle también cuenta con sus disputas territoriales.
 
El enclave H-22, de 2000 m2 (el equivalente a 1/3 del Ágora de la UPV, por ejemplo), administrado por el Reino de Bélgica pero disputado por el Reino de los Países Bajos es, posiblemente, junto con "il Pasetto" romano, administrado por Italia pero reivindicado por el Estado de la Ciudad del Vaticano, el territorio disputado más pequeño del mundo.
 
Más adelante comentaremos otros casos de estas características en Europa y el resto del mundo.

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