Magdalena Álvarez, cual aventurera, se enfunda en su abrigo de visón y sus botas (muy mal combinadas, por cierto) y se encamina al país de los zares para ver como el Ministerio de Transporte del Kremlin gestiona la red de infraestructuras en Siberia, algo que resulta raro hasta para las autoridades rusas y que parece más un viaje en el Transiberiano a costa de los Presupuestos Generales del Estado que un viaje de trabajo.
 
Y es que no tiene sentido que la Ministra de Fomento de España, el país del mundo con más kilómetros de alta velocidad ferroviaria, gracias a los planes aprobados por el Gobierno de J.M. Aznar, y el tercero en kilómetros de autovías y autopistas, tras Estados Unidos y China, que es además el país de procedencia la compañía aeronáutica más importante del mundo (Airbus) y de algunos de los constructores de trenes más avanzados del planeta (Talgo, CAF, Vossloh, Alstom) pretenda seguir el ejemplo de un país donde las infraestructuras del transporte no se renuevan desde la era soviética.
 
Si la Ministra de Fomento quiere solventar su ineptitud y la de más directos colaboradores de vacaciones por el mundo, que lo haga, pero a su cargo y no a cuenta de las Arcas del Estado. Si quiere visitar los ferrocarriles rusos, los aeropuertos chinos o las playas dominicanas, no debemos ser todos los españoles los que costeemos su viaje, pese a que mediante una burda escusa lo enmascare en una visita oficial o un viaje de trabajo.
 
Desde estas líneas insto de nuevo a la Sra. Álvarez -y ya van 3 o 4 veces- a que siga los pasos de Mariano Fernández Bermejo (o que cumpla en su persona los deseos de Pedro Solbes) y se convierta en ex-ministra.
 
¡Dimita! Sra. Álvarez, dimita.

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